El riesgo climático, determinante en la estrategia de las empresas y la economía

Desde EALDE Business School destacan que los riesgos físicos y los cambios regulatorios que se avecinan obligarán a adoptar estrategias de sostenibilidad más severas

Actualmente, estamos viviendo en primera persona las consecuencias del cambio climático. Ascensos de las temperaturas, tormentas más intensas, un océano que se calienta y sube de nivel, aumento de las sequías, pérdida de especies, escasez de alimentos, riesgos para la salud… Son algunos de los efectos de este cambio que genera una mayor incertidumbre por falta de conocimiento de la evolución a corto, medio y largo plazo y por tanto de sus consecuencias.

En este escenario, la incertidumbre generada incrementa el riesgo que las empresas y organizaciones de todo tipo deben afrontar y evaluar. Luis Fructoso, profesor en el Máster en Sostenibilidad de EALDE Business School, señala que “ante los riesgos actuales y futuros, y más allá de estrategias globales para la reducción de los efectos del cambio climático, se debe trabajar en la adaptación de las organizaciones y Gobiernos a la nueva realidad”.

A pesar de que la mayoría de los directores generales y consejeros delegados son conscientes de los peligros físicos inminentes del cambio climático en un sentido general, la mayoría tienen una comprensión mucho menor del impacto específico que el cambio climático podría tener en su negocio. En esta situación, Luis Fructuoso considera que es de vital importancia contar con consultores que “apliquen estrategias para adaptarse a una situación cambiante del entorno en el que nos movemos, en la que una gestión dinámica del riesgo juega un papel fundamental para afrontar estos nuevos retos”.

Las cifras son alarmantes. El 90% de las empresas más grandes del mundo tendrá al menos un activo expuesto a los impactos físicos del cambio climático en 2050, según el índice global S&P Global. En esta línea, el estudio Risk Survey 2022 elaborado por EALDE Business School revela que los riesgos asociados al cambio climático (desertificación, subida del nivel del mar, etc.), serán los segundos que mayor impacto tendrán a nivel global en 2023, sólo superados por los riesgos geopolíticos.

Pero, ¿cómo pueden afectar los riesgos climáticos a una empresa? Sergi Simón, coordinador del Área de Gestión de Riesgos de la escuela de negocio, apunta que “el sector agrícola y el turístico son los dos sectores más vulnerables, pero no debemos olvidar que las inundaciones, los desprendimientos o los incendios forestales no entienden de sectores”.

En este sentido, Sergi Simón añade que “el compromiso mundial para con la descarbonización de la economía lleva asociado un cambio radical del riesgo regulatorio para muchos sectores de actividad. Las empresas de generación de energía, las empresas electro intensivas (muy dependientes del consumo eléctrico) o las empresas relacionadas con la movilidad (fabricación y venta de vehículos), son tres de los sectores más expuestos a los cambios de regulación que se avecinan. Pensemos que estos cambios van encaminados a limitar o prohibir productos y/o servicios que hoy en día son la base de nuestra economía”.

Las empresas deben valorar a qué tipo de riesgos están expuestas basándose en tres parámetros: el sector al que pertenecen, su dependencia de energía de origen fósil y su ubicación geográfica. “Una sola de estas variables puede comprometer la continuidad del negocio si no se toman las medidas oportunas”, señala el experto de EALDE Business School.

En términos de horizonte temporal, Sergi Simón precisa que “podríamos apuntar a los riesgos de transición, es decir, los que se espera que se materialicen de forma general a corto y medio plazo. Mientras que en cuanto a riesgos riesgos físicos, estos verán incrementada su frecuencia y severidad a medida que la dinámica climática vaya cambiando como consecuencia del aumento de la temperatura media global del planeta”.

¿Cuáles son los riesgos que afectan a las empresas españolas?

Si atendemos a los riesgos climáticos que afectan directamente a las compañías nacionales, desde EALDE Business School afirman que “a nivel de transición afectará a todas aquellas empresas relacionadas con la obtención de energía a partir de combustibles fósiles. Éstas están expuestas a un riesgo cierto de tener un impacto negativo en su rendimiento como consecuencia de los cambios en la regulación europea y nacional. Carbón y petróleo, son sin duda los sectores que van a la cabeza en este ámbito”.

Mientras y con respecto a los riesgos físicos, la agricultura y el turismo son los sectores más expuestos. Simón señala que “España, por histórico y por planificación, tiene sistemas de mitigación del impacto de este tipo de riesgos muy maduros y eficientes. Los casos más paradigmáticos son el agro seguro y el Consorcio de Compensación”.

Si atendemos a un plano totalmente alejado de los sectores productivos, no podemos olvidarnos del sector financiero. La banca, las aseguradoras y los gestores de activos son empresas que ven condicionado su rendimiento en función de los riesgos a los que están expuestos sus contrapartes o activos. En este sentido, “el sector financiero español lleva dos años trabajando duro para integrar estos riesgos relacionados con el cambio climático en particular, pero también con otros aspectos de componente social y ambiental, que podrían redundar en cambios de sus modelos de rating financiero”, apunta el experto. A su vez, el hecho de que, para el sistema financiero, las empresas más expuestas sean calificadas con ratings financieros más bajos, provocará que el acceso al capital para estas empresas sea cada vez más caro o complicado.

Desde EALDE Business School sostienen que “las empresas deben pensar entonces en articular políticas de adaptación al cambio climático. Los próximos 5 años nos enfrentan a dimensionar y valorar estas exposiciones los riesgos derivados del cambio y tomar decisiones que pueden ser tanto de adaptación como de transición. Por adaptación entendemos cambios de cultivos mejor adaptados a las nuevas condiciones climáticas que se avecinan, construcción o instalación de medidas de protección contra avenidas, subidas del nivel del mar o inundaciones, hasta obras de rehabilitación energética de edificios para evitar consumos excesivos de calefacción o refrigeración durante las cada vez más frecuentes olas de frío o de calor”.

En cuanto a medidas de transición, Sergi Simón señala que debemos pensar en todas aquellas que permitan seguir realizando nuestra actividad, pero sin el uso de combustibles de origen fósil (carbón, madera, gasóleo o gas natural) además de conseguir en general niveles de producción cada vez mayores, pero con niveles de consumo energético menores.

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